El consorcio

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La historia del Lambrusco se remonta a tiempos muy lejanos y engloba el encanto de los primeros vestigios escritos por poetas y escritores de la edad clásica (Virgilio, Catón, Varrone) quienes en sus obras, narran sobre una cierta “Labrusca vitis”, una vid silvestre que producía frutos con gusto áspero y que solía crecer a los márgenes de los campos. 

El Lambrusco, tanto de aguja como espumoso, de color rojo rubí, a servir a 12-14 °C para saborear plenamente sus fragancias, nació en Módena y después se difundió hacia los mercados tanto nacionales como extranjeros.

El Lambrusco se deja llevar por sus instintos cuando exprime toda su vitalidad en el momento en que se vierte en la copa: su espuma evanescente emana una multitud de emociones.
Módena y Lambrusco están hechos el uno para el otro: en la transparente exuberancia del Lambrusco se halla la simbología del territorio que desde el estilo simple y austero de las iglesias románicas, atraviesa la suculencia de las comidas hasta llegar al elegante glamour de los coches deportivos.
Son varios los elementos que demuestran la importancia de la vinicultura en Módena, entre otros, las 8.000 hectáreas de superficie cubierta de vides, la existencia de la empresa vinícola más antigua de la región Emilia-Romaña y de las bodegas sociales en actividad más antiguas de Italia (tres de las cuáles han ya festejado el centenario de su fundación) pero sobre todo, el hecho que la vinicultura en Módena significa “Lambruscos DOP”, o sea, vinos de Denominación de Origen Protegida.
En Módena se producen el Lambrusco de Sorbara, el Lambrusco Salamino de Santa Croce, el Lambrusco Grasparossa de Castelvetro, el Lambrusco de Módena, pudiéndose por lo tanto afirmar sin lugar a dudas que Módena es el territorio de los Lambruscos DOP.