La Puerta del Lambrusco

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Los muros de la ciudad moderna están delineados idealmente por la viabilidad de la circunvalación y las nuevas puertas de acceso están caracterizadas por las rotondas. 

En el ámbito del diseño urbano que está completando con la creación de diversas rotondas en los principales puntos de acceso a la ciudad, la comuna de Módena ha aceptado la propuesta del Consorcio Marca Histórica de los Lambruscos Modeneses de realizar, en el espacio central de la rotonda situada en el cruce de las calles Vignolese y Nuova Estense, una obra de arte que valorice la producción del Lambrusco.
El proyecto y la realización de la idea fueron encomendados al artista modenés Erio Carnevali, que la concretizó mediante un gran racimo de uva con los colores del vino, modelado por grandes maestros cristaleros.
La rotonda vial “Vignolese-Circunvalación”, cruce de cuatro vías de acceso a Módena y enlace con la gran viabilidad, se convierte así en un escaparate de uno de los productos más apreciados y famosos de la provincia, con una obra firmada por el maestro Carnevali: un gran racimo de uva de Lambrusco en vidrio de Murano.

Las motivaciones
El Consorcio Marca Histórica de los Lambruscos Modeneses opera desde hace ya cuarenta años, para garantizar la calidad y el reconocimiento de uno de los productos más prestigiosos del panorama modenés, conocido en todo el mundo y estandarte de las virtudes y las tradiciones de nuestra tierra.
La creación de la Puerta del Lambrusco, identificada por el enorme racimo de uva, representa una instancia de promoción y visibilidad no sólo para el Consorcio, sino más bien para todo el territorio modenés, cuna de la producción de nuestro vino. La escultura, realizada por el Consorcio conjuntamente con la Cámara de Comercio, ha sido donada a la Comuna de Módena, con el objetivo de promover la ciudad como la   “Tierra del Lambrusco” y constituye asimismo un testimonio artístico de gran impacto comunicativo, que recuerda a quienes llegan a la ciudad la vocación productiva principal de nuestras tierras: la uva y el Lambrusco.
La obra (que está acompañada por las marcas del Consorcio Marca Histórica de los Lambruscos Modeneses y de la Cámara de Comercio de Módena) representa un elemento de gran impacto promocional, que enriquece al mismo tiempo el patrimonio artístico de la ciudad. Ha contribuido también a su realización la Enoteca Regional de Emilia Romaña.

El mensaje
El Gran Racimo tiene como objetivo valorizar un vino que es único en el mundo y conocido en más de cuarenta países; no desea sin embargo representar sólo la imagen comercial de este producto, sino también el trabajo apasionado de su gente, la cohesión entre todos los componentes de este sector productivo y la colaboración existente desde hace tantos años entre los productores y los embotelladores, para un mejoramiento constante de la calidad.
La dimensión misma del racimo evidencia el peso económico que la producción vitivinícola tiene en la economía de Módena, tanto por el número de empresas implicadas en la actividad como también por el sector derivado y rinde homenaje así a todos aquellos que han trabajado con tenacidad y pasión para el éxito de este vino. A través de su liviandad, elegancia y frescura, intenta también narrar el pasado, el presente y el futuro de este producto de excelencia del territorio modenés, el Lambrusco DOP, en sus tres tipologías, Lambrusco de Sorbara, Lambrusco Salamino de Santa Croce, Lambrusco Grasparossa de Castelvetro y Lambrusco de Modena.
El Lambrusco nació aquí, en estas tierras y ha conquistado el mundo gracias a sus características únicas de brío, efervescencia, fragancia elegante, reducido contenido alcohólico, y también gracias a la laboriosidad y capacidad empresarial que los modeneses han sabido demostrar en este campo.

La escultura
La obra representa un racimo de uva Lambrusco, levemente inclinado, alto doce metros y ancho – en su parte superior – algo más de seis metros. Los granos, de diverso tamaño y forma, son 240, todos de vidrio soplado, producidos en los talleres artesanales de Murano por un grupo de maestros seleccionados por su capacidad y profesionalidad.
Las hojas, también de diversas dimensiones, son de cobre, para recordar así en modo particular los colores del otoño. Algunas de estas hojas - muchas de ellas colocadas “naturalmente” en la parte superior del racimo - lo protegen de los agentes atmosféricos.
Los colores son en parte realísticos y en parte expresan el significado mismo que Carnevali dio a su obra, atrapando la dimensión luminosa (a través del ámbar) para conferir al conjunto la liviandad de las transparencias del vidrio. Algunos colores, como los matices de anaranjado y amatista, se pueden percibir en los granos de uva sólo al atardecer.  Es una obra artística imponente, una de las más grandes del mundo que cuentan con el prestigioso distintivo del vidrio de Murano.

Completando la obra ha sido realizado un brote de vid más pequeño - emplazado en un área cercana a la rotonda - que por una parte delimita el territorio y por otra parte prepara el visitante al encuentro con la gran escultura.